El pH del agua de ósmosis es uno de los parámetros más consultados tanto por usuarios finales como por profesionales del tratamiento de agua. Aunque el proceso de ósmosis inversa produce agua extremadamente pura, su pH puede variar y esto tiene implicaciones prácticas importantes tanto para el uso doméstico como para aplicaciones industriales y de consumo.
En este artículo te explicamos qué es el pH en el agua de ósmosis, por qué cambia, qué efectos puede tener y cómo se puede ajustar cuando es necesario.
¿Qué es el pH y por qué importa?
El pH es una escala que mide la acidez o alcalinidad de una solución. Va de 0 a 14:
- Un pH menor de 7 indica acidez.
- Un pH de 7 es neutro.
- Un pH mayor de 7 indica alcalinidad.
En el agua de consumo, las principales referencias técnicas (como las normativas de calidad del agua potable) recomiendan un rango de pH entre 6,5 y 8,5, porque dentro de ese intervalo se minimizan problemas de corrosión, sabor desagradable o efectos negativos sobre las instalaciones.
¿Qué efecto tiene la ósmosis inversa sobre el pH del agua?
La ósmosis inversa elimina la mayor parte de los minerales disueltos, como calcio y magnesio, que actúan como tampones naturales del pH. Al eliminar estos minerales, el agua pierde su capacidad de resistir cambios de acidez o alcalinidad.
Además, el agua de ósmosis absorbe dióxido de carbono (CO₂) del aire con gran facilidad. El CO₂ se disuelve y forma ácido carbónico, lo que reduce el pH después del proceso de filtración.
Por eso, el agua de ósmosis suele tener un pH ligeramente ácido o cercano al neutro, generalmente entre 5,0 y 7,0 dependiendo de factores como:
- La calidad del agua de entrada.
- La exposición al aire tras la filtración.
- La presencia o no de etapas de remineralización o ajuste de pH.
¿Es malo que el agua de ósmosis tenga un pH ligeramente ácido?
No necesariamente. El agua de ósmosis con un pH ligeramente inferior a 7 no suele representar un riesgo para la salud, siempre que su mineralización básica y parámetros microbiológicos sean adecuados.
Sin embargo, hay situaciones en las que el pH sí puede importar:
1. Corrosión en instalaciones
Un pH por debajo de 6,5 puede incrementar el riesgo de que el agua sea un poco más corrosiva para tuberías metálicas, especialmente cuando el sistema de fontanería es antiguo.
2. Sensación de sabor o aceptabilidad
Un pH bajo puede modificar la percepción del sabor, haciendo que el agua se sienta “plana” o ligeramente ácida.
3. Aplicaciones técnicas
En ámbitos como la industria alimentaria, laboratorial o de procesos productivos, mantener un pH controlado puede ser esencial para la eficacia de procesos químicos o biológicos.
¿Cómo se puede ajustar el pH del agua de ósmosis?
Si se requiere un pH más neutro o alcalino por razones de uso, hay varias estrategias:
Remineralización post-filtración
Incorporar una etapa de remineralización tras la ósmosis inversa (con medios como calcio o magnesio) ayuda a elevar el pH y mejorar el sabor.
Mezcla controlada con agua de red
Para usos técnicos, se puede mezclar el agua de ósmosis con un porcentaje de agua de red para estabilizar pH y recuperar algo de alcalinidad natural.
Uso de filtros específicos de pH/alkalinity
Existen cartuchos o medios que incrementan el pH hacia valores deseados, especialmente útiles en aplicaciones domésticas o de consumo.
¿Qué pH debería tener el agua de ósmosis idealmente?
En términos generales, el objetivo es acercar el pH al rango más aceptado para agua de consumo y uso general:
Entre 6,5 y 8,5 → considerado seguro y confortable para consumo humano y la mayoría de usos domésticos o industriales.
Si el pH está por debajo de este rango de forma constante, puede ser recomendable ajustar con remineralización o tratamiento adicional según el uso final del agua.
Conclusión: el pH importa, pero en contexto
El pH del agua de ósmosis sí tiene importancia, pero no debe considerarse de forma aislada:
- Es una medida de acidez/alcalinidad que puede influir en sabor, corrosión y aplicaciones técnicas.
- El proceso de ósmosis suele producir agua ligeramente ácida por la falta de minerales y la absorción de CO₂.
- En la mayoría de casos no supone un riesgo para la salud, pero puede requerir ajuste según el uso específico.
- El control eficaz del pH forma parte de una buena gestión de la calidad del agua tratada.