La familia y su influencia en el consumo responsable del agua.

Más del 80% de las aguas residuales generadas en el mundo vuelve a ser expulsada al ecosistema sin llegar a tratarse. 1.800 millones de personas utilizan una fuente de agua para el consumo contaminada, sufriendo un riesgo de contraer enfermedades como el cólera, la disentería o la fiebre tifoidea. Esta situación de insalubridad causa casi un millón de muertes al año. 

En España, cerca del 80% del agua es consumida por la agricultura. El abastecimiento urbano representa un 14% y el resto corresponde a consumo industrial. Miguel Ángel García Rubio, investigador del Instituto Universitario del Agua de la Universidad de Granada, señala que, aunque en el ámbito urbano existe cierta conciencia de la escasez de este recurso y de la necesidad de su conservación, “el marco institucional no es muy propicio para que desde el entorno familiar se tomen medidas de conservación de este bien”.

Según García Rubio, “no se trata solo de realizar campañas de sensibilización, sino de apoyar económicamente a las familias para que puedan adquirir sistemas de reducción de consumo: perlizadores, cisternas de doble descarga, electrodomésticos ahorradores… o incluso sistemas de reutilización de aguas residuales, procedentes de lavabos y duchas, para que puedan ser utilizadas en el inodoro”.

Inculcar valores de sostenibilidad en los más pequeños es clave para garantizar un futuro mejor.

El papel de las instituciones educativas resulta también muy importante para conseguir que tanto padres como hijos incorporen a su vida diaria unas adecuadas pautas de uso de este bien “finito”.

Noticia original: El País

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